20 junio 2007… En el correo.

Y quise llorar,

por ti y por mí,

un día más

y quise soñar…

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En este día tan sombrío,

cuéntame al oído…

¿a qué huelen hoy tus miedos?

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“perdona mis labios, pero encuentran placer en los lugares más insólitos.”

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Hola playa,

Olas azules,

de todos los colores…

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Hasta la raiz.

Hoy, al pasar por aquel pueblo de cuyo nombre hiciste un chiste, me acordé de ti, con una sonrisa. Como de un viejo amigo que ya no está, que se enfadó con nosotros sin saber por qué, al que añoras pero dejas ir, porque ya no hay remedio.

Las heridas, aunque sanen, dejan en el recuerdo una cicatriz, y esa tirantez en la piel de la memoria.

Cómo te añoro, cómo te haría liviana la pena, cómo la cargaría con voluntad y con alegría. Pero no quieres, más que dios del Olimpo, quieres ser Hércules y realizar docenas de trabajos para redimirte.

El I Ching me habló de El retorno… Y quiero soñar que es verdad, que vuelves a mi lado. Debería confiar, al menos eso me mantendría ilusionada, escuchando a Bocelli.

Mientras te olvido (ja, no te lo crees ni tú), mientras te dejo ir… Y olvido la imagen falsa que me creé de ti, quiero convertime, poco a poco, a mi pureza, a mi esencia… Y sueño con el día, que decidas conducir una hora para venir a verme, sin avisar, sin palabras, sin más… Y te dejo ir y te llevo dentro, hasta la raíz.

Prólogo

Vine aquí para buscarte, para encontrarte, porque sé que estás ahí, como yo, escribiendo para no ahogarte con las palabras que aturullan tu mente.

Vengo aquí para salvarme, para olvidarme de mí misma y reconocerme al otro lado.

Lanceme a escribir como pude haberme puesto a gritar o a gemir… Gritar es de necios, llorar más ¿para qué? No dijo Goethe “Si tienes un monstruo, escríbelo”. Pues allá voy, con miedo y con vergüenza, a dejar q todos mis mostruos se materialicen en palabras…

Abrazando a mi sombra y a mi niño feo, aquí estoy, esta soy, sin más rodeos. Ya no te busco más, por hoy.